Real Ermita de San Antonio de la Florida (Royal Chapel of St. Anthony of La Florida)
Una pequeña capilla neoclásica cerca del río Manzanares, famosa por sus extraordinarios frescos en el techo pintados por Goya en 1798, donde también está enterrado el propio artista.
Al contemplar la Real Ermita de San Antonio de la Florida, uno puede quedar cautivado por su serena elegancia, una visión de gracia neoclásica apartada del bullicio de Madrid, a orillas del tranquilo río Manzanares. No se trata solo de una capilla encantadora; es un profundo tesoro artístico e histórico, un lugar donde el genio de Francisco de Goya y Lucientes transformó para siempre lo sagrado en un vibrante cuadro de la vida cotidiana. Su discreta fachada, con sus suaves tonos salmón y delicados detalles blancos, enmarcada por las líneas clásicas de un pórtico con esbeltas columnas jónicas y un frontón triangular, oculta el extraordinario espectáculo que aguarda en su interior. Encargada por el rey Carlos IV, esta ermita real fue reconstruida entre 1792 y 1798, diseñada por Francisco de Fontana, pero fue el pincel de Goya el que la consagró verdaderamente, elevándola de un simple lugar de culto a un testimonio imperecedero del arte y la cultura españoles. Al entrar, la mirada se dirige inmediatamente hacia arriba, hacia una impresionante explosión de luz y color que adorna la cúpula elíptica. Aquí, Goya, entonces el célebre pintor de la corte, completó este monumental ciclo de frescos en tan solo cuatro meses en 1798. Se contempla el milagro de San Antonio de Padua, quien, para demostrar la inocencia de su padre, resucita a un hombre asesinado para que testifique. Pero esta no es una representación convencional de un milagro santo en un reino celestial distante. En cambio, Goya traslada la escena al Madrid contemporáneo, pintando una vibrante multitud de majas y majos, gente común de su época, inclinados sobre una balaustrada, observando la capilla desde un cielo aparentemente abierto.